Y es que, un domingo cualquiera puedes ganar o perder. He visto la película. No sé exactamente cómo he aguantado 2h 35 min pero lo he hecho, con una única pausa. Podría decir algo tipo que la estaba guardando para un momento especial pero lo cierto es que la he visto porque creo que era de lo mejor que tenía para ver y, sobre todo, ocupaba 7 Gb. Hablo en pasado, porque la borré, ya tenía que ser muy buena para seguir almacenándola y pese a que me ha gustado, no lo suficiente.
Hay actores conocidos, Al Pacino (jodidamente genial en la película), el Dr. Cox de Scrubs con un look bastante raro, Cameron Diaz en un papel que no sé si le pega mucho pero sí que se sale de lo habitual con el resto de películas que ha hecho. La película me ha servido para reforzar teorías; la primera de ellas es el asco que me da la fama y los jugadores, que se mueven casi exclusivamente por dinero y no por hambre de ganar, al menos en la NFL.
La segunda es la obsesión por la NFL que existe en Estados Unidos, creo que esto me ayuda a entender como la final de la NFL, la Superbowl, es seguida por casi 100 millones de espectadores en televisión, además de un estadio lleno y actuaciones de artistas en directo durante el descanso. La tercera de las cosas que saco es más bien un recuerdo, el recuerdo de las dos últimas Superbowl. Yo aún no sabía exactamente las reglas del juego en la primera Superbowl pero en la segunda sí que lo sabía un poco más y disfruté bastante más: no sé si habrá una tercera Superbowl pero hasta febrero aún queda.
Por último, en cuarto lugar, quiero destacar la ‘admiración’ que siento por el deporte, por muy bestia que puede parecer hay más estrategia de la que algunos piensan. Casi todas las películas se centran en el quarterback (el que mueve al equipo, decide los pases, marca las estrategias…) y no es para menos, es sin duda mi posición preferida es la que te permite tener un mayor control del juego, es la posición con mayor responsabilidad y donde de verdad marcas la diferencia.