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Un monstruo viene a verme: las fases del duelo

Hace más de un año que no me atrevo a ver una película en calidad Screener (aunque sea sólo el audio y la imagen sea más que decente) pero la verdad es que me he atrevido con Un monstruo viene a verme. Vaticinaba que tenía un poco de autofustigamiento y así ha sido en cierto modo pero lo que es innegable ha sido de las mejores películas que he visto en los últimos tiempos. Ese tipo de películas que te deja algo tocado cuando terminas de verla… lo suficiente como para ponerte a escribir en un sitio en el que lo último público que escribiste era de tu disco favorito de Quique González. Sí, a ese nivel está la película.

El comienzo de la película ha sido un poco lento, de eso que no acabas de sumergirte en la historia porque no sabes por dónde va a ir… hasta que termina la primera historia. De hecho, a partir de ahí han empezado a aflorar recuerdos de una conversación que tuve sobre esta película hace unos meses aunque fue tan breve pero en la que se concluía la misma sensación que he tenido al final de la misma.

Sin entrar a valorar el apartado técnico, ha sido de esas pocas películas que he visto que intercalan animación con imagen real y que me ha acabado gustando enormemente. La banda sonora también es espectacular, al igual que lo es la manera de enfocar las distintas historias. Pero quisiera analizar esto desde otro punto de vista más profundo: las fases del duelo. Creo que esta película es altamente interesante desde el punto de vista académico (no para el alumno, claro) sobre cómo afrontar el duelo con un niño puesto que en la película se ve cómo afronta algunas etapas de las fases del duelo hasta que llega a la más cruda realidad: el adiós, la aceptación… Claro está, esto es una mera interpretación que he hecho yo pero estoy seguro que la película da para mucho más.

Lo más difícil es decir la verdad…


Crank, porque los finales felices no existen

Otra recomendación y otra buena película, peor que Kiss Kiss Bang Bang a mi gusto. Crank ha sido una película bastante entretenida y con varios puntazos geniales, como cuando el protagonista (Jason Staham, parece que últimamente sólo veo películas suyas) echa al conducor del taxista, con pinta de árabe y empieza a gritar “AL QAEDA, AL QAEDA” y todos los americanos empiezan a repartirle a diestro y siniestro.

Por no hablar de cuando Jason Staham no quiere que su novia, Amy Smart, sepa que es un asesino y le tira el bolso para que ésta se entretenga y a él le dé tiempo a aniquilar al tipo que le perseguía. Pero quizás lo más curioso sea la escena en la que Jason Staham necesita adrenalina y le pide a su novia que “le haga el amor ahí mismo”, en medio del mercadillo. Esa escena ya la había visto y no recuerdo por qué ni cómo ni dónde.

Por cierto, tras investigar un poco ya decía yo que la novia, Amy Smart, me sonaba… la he visto al menos en Scrubs, interpretando a uno de los numerosos ligues de JD además de ser la hermana de Kiefer Sutherland en la película Mirrors (Angela Carson), que también vi recientemente.


Transporter 3, impactante pero con final previsible

Dentro de mi particular ciclo de cine, ayer vi Transporter 3 después de haber visto la primera y segunda parte (o eso creo). Lo primero de todo era Robert Knepper, cuando le vi me dije “su nombre me suena… ¿no será T-Bag de Prison Break? Sí, acerté y como parece que suele ser habitual hace el papel de “malo”.

La película tarda un poco en desarrollar la trama, pero cuando lo hace queda claro cuál va a ser el final, un final del tipo feliz y la duda queda en cuánto de efectos especiales vamos a ver. Por lo que recuerdo de las anteriores películas debo decir que hay menos espectáculo al volante, pero lo que hace el protagonista poniendo su Audi a dos ruedas entre dos camiones es sencillamente sublime.

Mención especial merece el coche de la película, el de Jason Staham… pensaba que era un Audi R8 (sí, ése que se iba a llevar Cristiano Ronaldo si venía al Real Madrid el pasado verano) pero por lo que leo en Internet me he equivocado un poco, es un Audi A8 y la verdad es que es una auténtica gozada. Ya me gustaba de antes Audi, pero ahora más aún.